viernes, 1 julio, 2022
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Valdecañas: de ecologistas y otras calamidades

Un sector de la sociedad extremeña considera excesivos y perjudiciales para el desarrollo de la región cierta normativa ambiental y el rigor del ecologismo

En el espacio de debate que hemos abierto en nuestro periódico (después de la sentencia del Tribunal Supremo que obliga a la demolición total del complejo de lujo) sobre el conflicto de la Isla de Valdecañas -que ayer ocupó Juan Serna en defensa de la normativa ambiental y de la labor de las asociaciones ecologistas (Valdecañas y la razón de los ecologistas)-, llega hoy el turno a una voz que representa el sentir de un sector de la sociedad extremeña que considera que Extremadura está excesivamente protegida desde el punto de vista medioambiental y que eso disuade a los inversores y frena el desarrollo de la región. El artículo de hoy fue inicialmente publicado en el diario HOY de Extremadura. En él, su autor defiende un cambio normativo que permita las inversiones y se muestra especialmente crítico con los que él llama “ecolojetas”.

Alfredo Liñán Corrochano.
Alfredo Liñán Corrochano.

Badajoz, Extremadura.-

Dicen en la docta casa que la ecología “es la ciencia que estudia a los seres vivos como habitantes de un medio y las relaciones que mantienen entre sí y con el propio medio”. Una vez más la docta casa bordeando la inanidad. La ecología será eso, una ciencia respetable como la que más; pero resulta, doctas eminencias del lenguaje, que la ecología hace ya tiempo fue colonizada por los ecologistas y no por cualesquiera, sino por la facción “ecolojeta” en la que formaban desgalichadas catervas de inutilidades que frivolizaron la ciencia ecológica hasta convertirla en un revoltijo de necedades únicamente compatible con la ignorancia del que nada sabe, pero de todo opina, y que, naturalmente, a falta de famélicas legiones a quienes redimir, la zocatería adoptó como su nuevo horizonte; como tantas otras majaderías postmodernas convertidas en verdades reveladas por los profetas del nada con sifón.


Si se ejecuta la demolición ordenada en la sentencia, habremos dado jaque mate a Extremadura, enviando alto y claro el mensaje de que esta no es tierra de fiar.


Si en los años cincuenta, hubieran tenido sólo un tercio del poder -verde que te quiero verde- del que ahora disponen, el Plan Badajoz jamás se hubiera ni planteado, las 140.000 hectáreas de regadío actuales serían tierra de pastos o de rabioso secano y Extremadura, lo más parecido al Serengueti, tierra de pan llevar, dormida en sueños imposibles, encantadora y bella como la princesa del cuento; abandonada en su orgullosa miseria ecológica. Pero luego pudieron; y consiguieron, con la connivencia del verde-papanatismo europeo, encorsetar a más dos millones de hectáreas rodeando pueblos y tierras en la corona de espinas de las ZEPAs, LICs, ENPs que imposibilitan cualquier intento de desarrollo, condenándolas a la despoblación, en la ahora llamada por algún cantamañanas la “España vaciada”. Plomo en las alas colocado concienzudamente por los ecologistas en traición. Los mismos que consiguieron retrasar años y años la plataforma logística de Badajoz, el proyecto más ilusionante de los últimos cincuenta años, alegando la existencia de una “orquídeas salvajes”, más importantes al parecer que todo el desarrollo de la ciudad y que, además nadie vio jamás, porque eran una canallesca invención ecolo-fantasmal.

Regadíos y plantaciones de frutales del Plan Badajoz que, según el autor, no hubieran sido posibles con la presión ecologista actual.
Regadíos y plantaciones de frutales del Plan Badajoz que, según el autor, no hubieran sido posibles con la presión ecologista actual.

Atardece. Mientras escribo, el sol se hace portugués sombreando los montes y recuerdo otro bello atardecer en Valdecañas, cuando la tarde se desnudaba espejeándose en el agua. Valdecañas, el último puntapié del ecologismo al desarrollo de Extremadura. No quería hoy hablar de ello, aún no ha salido la sentencia anunciada -al parecer, la están peinando sus señorías- pero no he podido remediarlo. Otro día, sentencia en mano, hablaremos de semejante disparate -quieran los dioses que jamás pueda ejecutarse- porque entonces entre unos y otros y quizá también por la indiferencia culpable de todos, habremos dado jaque mate a Extremadura, enviando alto y claro el mensaje de que no es tierra de fiar, de que en esta tierra preferimos la santa ecología a dejar de ser la baticola de España.

Algún día, quizá, podamos librar a esta tierra de la corona de espinas con la que el ecologismo la sentenció en su día. De los ecologistas de salón, de los tontos de capirote, de los políticos consentidores y de la sociedad anestesiada. Líberanos Dómine.

(Alfredo Liñán Corrochano, exdirector general adjunto de Caja Badajoz y expresidente de la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País de Badajoz, es economista, articulista y escritor. Sus últimos libros publicados son El secreto del lago y La sombra del emperador).

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Valdecañas y la razón de los ecologistas

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