jueves, 18 abril, 2024
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Un novio sin brazos, un asesinato a sangre fría, la huida de Arafat, el secuestro de un niño, los judíos de Etiopía…, historias que viví, el sentido de una vida

José María Pagador empieza desde hoy esta serie de reportajes para narrar las historias más interesantes de su carrera como reportero

El reportero en la Asociación de Periodistas de Emiratos Árabes Unidos. ARCHIVO J.M. PAGADOR
El reportero en la Asociación de Periodistas de Emiratos Árabes Unidos. ARCHIVO J.M. PAGADOR

Asistir a la boda de un novio que no tiene brazos, recuperar el botín de un atraco a mano armada, entrar en el escenario de un asesinato con la sangre de la víctima aún fresca, ser encañonado con una pistola por alguien al que vas a entrevistar, escuchar explosiones y disparos cerca del kibutz en el que te alojas, ver llegar a Israel a los judíos falases etíopes, asistir a la preparación y desarrollo de la Marcha Verde, pasar un día en la cárcel entre asesinos y violadores, ser denunciado por hacer bien tu trabajo y destapar corrupciones, visitar el parque de Estambul que motivó una revuelta ciudadana bajo la represión turca, presenciar la invasión israelí del Líbano, ver por última vez la Ventana Azul antes de su colapso, bailar junto a los nativos en un parque de Pekín, descubrir a una artista de tres años de edad, recorrer una gran ciudad fantasmal bajo el azote del coronavirus, asistir al proceso de la pérdida de la última colonia española, navegar en el buque escuela Juan Sebastián Elcano, comunicarte con una orangutana de Borneo casi humana, ser testigo de una revolución, pasar una jornada con la Patrulla Águila, ser acusado falsamente de instigar un mitin carcelario, salvarte de ser víctima de un golpe de estado, codearte con algunos de los más grandes escritores y artistas, ver llorar junto a ti a la viuda del presidente Allende, recorrer el Sáhara occidental, conocer y tratar a héroes de la lucha antiterrorista…, son solo algunas de las numerosas experiencias extraordinarias de mi vida profesional que solo están al alcance de un reportero.

Con esta introducción declaratoria de intenciones doy comienzo a esta serie de reportajes actualizados, sobre las historias más destacadas de mi trayectoria como reportero a lo largo de las últimas cinco décadas, puestas al día, corregidas y aumentadas con el acervo y desde la perspectiva que dan la experiencia y los años, y ampliadas con las nuevas historias periodísticas en las que sigo viéndome inmerso cuando voy a cumplir 76, todo lo cual se publicará después en forma de libro. Porque para el verdadero reportero, la pasión por lo que sucede y por contarlo solo se termina con la muerte.

Mi padre quería que yo fuese abogado. Sin haber cumplido aún los 18 años me matriculé en la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca. Corría el año 1965 y desde mi llegada pude conectar con la gran ola de disidencia contra la dictadura que empezaba a tomar cuerpo en las universidades españolas. El profesor Enrique Tierno Galván, mi catedrático de Derecho Político, acababa de ser despojado de su cátedra por el franquismo y había marchado al exilio. Su delito, junto con otros prestigiosos profesores que corrieron la misma suerte -García Calvo, López Aranguren y otros- fue apoyar la disidencia estudiantil contra la dictadura de Franco.

Tierno Galván y Tomás y Valiente, catedráticos del periodista cuando estudiaba Derecho en Salamanca. ARCHIVO J.M. PAGADOR
Tierno Galván y Tomás y Valiente, catedráticos del periodista cuando estudiaba Derecho en Salamanca. ARCHIVO J.M. PAGADOR

La sombra de su forzada ausencia y la luz de la presencia de Francisco Tomás y Valiente, mi catedrático de Historia del Derecho -que me dio sobresaliente en la materia y con el que hice amistad, cuyo asesinato años después a manos de ETA en su despacho de la Universidad Complutense lamenté profundamente-, alternaron el foco sobre mi parvo personaje de estudiante de leyes en aquellos dos años escasos que pasé en Salamanca.


El primer reportero de la historia, el que fundó las bases del reportaje, fue Heródoto.


Mi incorporación a aquel ambiente de rebeldía y contestación no fue sorpresiva para mí. Yo ya venía avisado. No en balde mi padre, exmilitar republicano procedente de una familia de raíz liberal y socialista -su abuelo, Rosendo de la Peña Rubio, político liberal, fue alcalde de Zafra, y su hijo y tío de mi padre Rosendo de la Peña Risco, maestro nacional y secretario de la Agrupación Socialista de Marchena (Sevilla), fue fusilado por los franquistas en agosto de 1936-, había sufrido la feroz represalia del franquismo, que se prolongó incluso hasta los años 60 y que llegó a afectarme también a mí en las décadas siguientes.

No fueron, desde luego, años perdidos. Todo eso permitió mi definitiva toma de conciencia de la situación política nacional, después de la dura experiencia familiar de ser hijo de un padre exmilitar republicano y militante socialista represaliado por el régimen. Pero yo no quería ser abogado, entre otras cosas, porque no me veía defendiendo a un asesino o a un violador, y porque la carrera me pareció aburridísima.

En el sentido de las agujas del reloj, Fly, Grossman, Kapucinski, Naipaul, Flanner y Talese. MONTAJE PROPRONews
En el sentido de las agujas del reloj, Fly, Grossman, Kapucinski, Naipaul, Flanner y Talese. MONTAJE PROPRONews

YO QUERÍA SER REPORTERO

Por aquellos años de la segunda mitad de los 60 y primeros 70 del siglo XX descubrí que mi verdadera vocación era el periodismo, y más concretamente el reporterismo, que, aunque parezca lo mismo no es igual.

Periodismo es el todo de la función informativa, que engloba el conjunto de los géneros periodísticos, incluido, por supuesto, el reporterismo. Reporterismo, en cambio, es la función concreta y pura de averiguar en el lugar de los hechos lo que pasa o ha pasado; por tanto, requiere personación e investigación, exige desplazamiento, viaje y estancia en el sitio correspondiente, visita a los lugares concernidos, recogida de pruebas y testimonios, y tanto si se puede, o te dejan, como si no, porque ahí está el espíritu del verdadero reportero cuando las circunstancias son adversas, o cuando las fuentes, como es demasiado frecuente, ofrecen resistencia o negativa.

Mapa con el itinerario de uno de los últimos viajes del periodista. ARCHIVO J.M. PAGADOR
Mapa con el itinerario de uno de los últimos viajes del periodista. ARCHIVO J.M. PAGADOR

El reporterismo es un árbol de cuatro frutos: la noticia, la crónica, el reportaje y la entrevista, y yo quería dedicar mi vida a cosechar esos frutos. Así que, para disgusto de mi padre, a finales de los 60 dejé Salamanca y me fui a Madrid a estudiar Periodismo, donde me gradué a principios de los 70. Así, no sin dificultad, encontré el verdadero sentido de mi vida profesional.

Navegando en uno de sus viajes por el mundo. ARCHIVO J.M. PAGADOR
Navegando en uno de sus viajes por el mundo. ARCHIVO J.M. PAGADOR

19.000 DÍAS SIN SOMBRA DE ABURRIMIENTO

De este modo empecé a convertirme en lo que soy ahora y he sido toda mi vida, un reportero militante cuyo inicio en la profesión tiene la fecha oficial del 25 de septiembre de 1972, cuando el diario HOY de Extremadura me contrató como redactor de libre disposición, aunque ya llevaba dos años realizando prácticas no remuneradas en el medio, es decir, siendo lo que hoy se llama un becario. Desde entonces han pasado cincuenta y dos años, en los que he desarrollado sin pausa esta profesión emocionante y maravillosa.

Empecé haciendo reporterismo y sigo haciendo reporterismo a día de hoy, después de los 19.000 días que han transcurrido desde entonces, sin que recuerde ni uno solo que me haya aburrido. He contado y sigo contando innumerables historias apasionantes. He vivido, denunciado y narrado secuestros y liberaciones, acciones bélicas, conflictos nacionales e internacionales, atracos a mano armada, actos terroristas, asesinatos, corrupciones, motines carcelarios, sucesos sangrientos, abusos de poder, crímenes machistas y todo aquello, en fin, que representa lo peor de la humanidad. Pero también he contado innumerables historias maravillosas de gente excepcional, acciones admirables de personas extraordinarias, relatos de felicidad y abnegación, hitos de generosidad y sacrificio, logros sublimes de creadores y artistas.


La labor del verdadero reportero no es otra que contar historias, historias “locales” según Gay Talese, que asegura que “toda historia es local”.


Esto es lo que he hecho durante toda mi carrera gracias a que, desde muy joven, tuve muy claro mi papel en la vida. Por eso dejé el Derecho, y por eso, cuando vi los planes de promoción que en mi primer medio se tenían para mí, renuncié por escrito a ascender, como luego rechazado importantes cargos en periódicos y medios nacionales, y también en la política a la que he sido tentado en diversas ocasiones, porque yo solo soy lo que entonces se llamaba un redactor de calle, es decir, un reportero de aire libre, no un plumilla de despacho y oficina, y mucho menos un político.

Y al cabo de estos 19.000 días continúo haciendo reporterismo con la misma pasión de entonces -si no más-, pero con una serie de cuestiones aprendidas que al principio uno no ve, cosas, condiciones, que no te enseñan en las facultades de Periodismo pero que son imprescindibles para realizar un periodismo humano, justo y fecundo.

Un día en la cárcel para un reportaje sobre las prisiones del tardofranquismo. ARCHIVO J.M. PAGADOR
Un día en la cárcel para un reportaje sobre las prisiones del tardofranquismo. ARCHIVO J.M. PAGADOR

LA VALENTÍA Y LO DEMÁS

La valentía, dando por supuesta la imprescindible formación, es la primera condición. Valentía para meterte donde la gente normal no se metería. Valentía para exponerte y arriesgar comodidad, seguridad, tiempo e incluso salud, a fin de lograr una buena historia. Y valentía para contar lo que el delincuente, el corrupto o el poderoso injusto quieren ocultar a toda costa.

Y todo eso no desde la objetividad y la imparcialidad que exigen los que hacen trampas, y que proclaman los compañeros cándidos, que en esta profesión también los hay. Porque cuando aquellos a los que el reportero se enfrenta están pidiéndole objetividad, lo que quieren decir en realidad es neutralidad. Y cuando dicen imparcialidad quieren decir equidistancia o impunidad. Yo nunca he sido ni seré neutral ni equidistante entre el agresor y la víctima, ni entre el corrupto y la sociedad, ni entre el poderoso abusador y la justicia. Por eso, el reporterismo y la narración de historias tienen, ante todo, que ilustrar a los ciudadanos y las ciudadanas, servir a los más débiles, defender a los más desfavorecidos y denunciar toda injusticia, de modo que las historias que el reportero cuente no sean una narración aséptica y deshumanizada, sino la radiografía veraz de lo que sucede, la expresión combativa de la desigualdad que hoy siguen padeciendo millones de pobres en el mundo, millones de niños sin infancia, millones de trabajadores explotados, millones de mujeres discriminadas y maltratadas. Y a eso he dedicado y sigo dedicando mi vida.

¡Ah!, y sin olvidar las otras dos condiciones básicas del buen reportero, que son la lectura y el viaje, pues, como dice Cervantes en el Quijote -y cito no literalmente- quien lee mucho y viaja mucho ve mucho y sabe mucho.

Busto de Heródoto. Museo de Arte Romano. Roma. J.M. PAGADOR
Busto de Heródoto. Museo de Arte Romano. Roma. J.M. PAGADOR

EL PRIMER REPORTERO

Soy un reportero, pues, como lo son Heródoto, Vasili Grossman, Nellie Bly, Truman Capote, Ryszard Kapuściński, Janet Flanner, Gay Talese o V. S. Naipaul, ocho de mis maestros, entre otros, como también lo es Julio César con su gran “reportaje” De Bello Gallico, y desde luego, Miguel de Cervantes, con las numerosas crónicas y reportajes de su tiempo -por ejemplo, la batalla de Lepanto- insertos, como de pasada, en sus obras, incluido, claro está, el Quijote.

El primer periodista, el primer reportero al que podemos nombrar como tal y en el que empecé a reconocerme desde joven es, sin duda, Heródoto. A Heródoto se le tiene por historiador -el primero también, desde luego- solo porque se le ocurrió llamar Historia a su magna obra. Pero “historia” no tenía originalmente el significado que después se le ha atribuido como arte y ciencia de narrar el pasado. La palabra griega ἱστορία que Heródoto escoge para titular lo que escribe significa en realidad investigación presencial, pesquisa para obtener información de presente y de pasado, indagación in situ para averiguar lo que ocurre, lo que ha ocurrido y lo que puede ocurrir. Y eso es la materia prima del reporterismo, del que Heródoto es, para mí, el padre.


Mis maestros son, entre otros, Heródoto, Vasili Grossman, Nellie Bly, Truman Capote, Ryszard Kapuściński, Janet Flanner, Gay Talese o V. S. Naipaul.


Todo eso lo hizo, por primera vez en el tiempo, Heródoto de Halicarnaso, viajero incansable que siempre visitó el lugar de los hechos, recorrió todo el mundo de su época, realizó incontables investigaciones para enterarse de lo sucedido, recogió pruebas y detalles en el escenario de los acontecimientos, entrevistó a todo aquel que sabía algo o tenía algo que contar, interpretó a su manera la realidad de su tiempo y la narró con la forma de lo que hoy llamamos “historias”. Su obra es, en puridad, un inmenso reportaje de una modernidad admirable, una inagotable crónica del presente que vivió y del pasado que supo recrear, y una verdadera lección del mejor reporterismo.

Historias locales de interés universal. ARCHIVO J.M. PAGADOR
Historias locales de interés universal. ARCHIVO J.M. PAGADOR

CONTAR HISTORIAS “LOCALES”

La labor del reportero de provincias no es otra que contar historias, historias “locales”, como dice Gay Talese, que asegura que “toda historia es local”, así de sencillo y de difícil. Gay Talese, en una reciente entrevista, dijo que siempre quiso trabajar en un periódico pero no para “escribir noticias”, sino “para contar historias”. El gran reportero norteamericano dice: “quería escribir historias que fueran reales, verificables y exactas. Quería escenas, diálogos, monólogos internos. Quería ser un escritor de historias cortas, de historias sin ficción”. Y asegura: “el periodismo debe ser independiente del gobierno. Los periodistas deben estar dispuestos a ser demonizados como traidores”. Y afirma: “el periodismo local es tan importante porque todo el periodismo es local”. Y termina: «nunca he hecho nada de lo que me sienta avergonzado en mi vida profesional. En mi vida personal he hecho muchas cosas de las que debería sentirme avergonzado. Pero quizá no me avergüence lo suficiente». Palabras del gran maestro del “nuevo periodismo” que suscribo totalmente y cuya máxima he procurado aplicar siempre a mi vida y mi ejercicio de la profesión.

Kapuściński, otro periodista herodoteo. MONTAJE PROPRONews. J.M. PAGADOR
Kapuściński, otro periodista herodoteo. MONTAJE PROPRONews. J.M. PAGADOR

COMO HERÓDOTO

Es decir, contar historias como las contaba Heródoto, con esa simplicidad y esa exactitud, y como después las han contado, entre otros, estos grandes reporteros que cito, como Ryszard Kapuściński, que incluso emuló y siguió las huellas del griego con su excepcional Viajes con Heródoto, lo que prueba hasta qué punto el “historiador” griego sigue siendo maestro de reporteros.


Cuando aquellos a los que el reportero se enfrenta están pidiéndole objetividad, lo que pretenden es neutralidad o equidistancia con sus violencias y abusos.


Kapuściński, ansioso por salir de su pequeño círculo social y profesional, y de su estrecha Polonia natal, consiguió al fin ser destinado como corresponsal a la India, dando comienzo a una de las carreras periodísticas más brillantes de nuestro tiempo y siguiendo al pie de la letra la escuela de Heródoto, hasta el punto de que incluso, como digo, “viaja con él”.

El periodista navegando por el río Li, China. ARCHIVO J.M. PAGADOR
El periodista navegando por el río Li, China. ARCHIVO J.M. PAGADOR

LA ESENCIA DEL REPORTERISMO

Contar historias es la esencia y la única misión del reporterismo, algo que empieza como una ilusión y se convierte en profesión cuando alcanza el grado de experiencia pasional. Historias tanto en el sentido de averiguar lo que sucede y narrarlo, como de desentrañar lo oculto, conocer lo desconocido y contarlo, y anticiparse al misterio y al secreto y desvelarlos.

El reportero es un apasionado de contar historias. A mí me afectó muy joven este virus, y todavía sigo contagiado y sin cura cincuenta y dos años después.

Pero contar historias es tarea arriesgada y costosa que casi siempre te sitúa en zona de peligro, perturba tu área de confort y te convierte en objeto de amenaza. No es un trabajo fácil ni cómodo. Por eso la valentía y “la no complicidad con el Gobierno”, como dicen los maestros que nombro, son los atributos primero del buen reportero, sin la cual es imposible sumergirte en el mar embravecido de lo que sucede, y ser leal a tus principios y a tus lectores y lectoras.

El estrecho de Ormuz, con Irán al fondo, en una toma de J. M. PAGADOR
El estrecho de Ormuz, con Irán al fondo, en una toma de J. M. PAGADOR

DE HOY A PROPRONews

Empecé mi carrera profesional en el diario HOY de Extremadura en 1970-1972 y, después de pasar por diferentes medios y de poner en marcha diversas publicaciones a lo largo de mi vida, en 2017 fundé PROPRONews, un periódico digital sin ánimo de lucro en el que sigo contando historias y que he puesto a disposición de otros compañeros y compañeras para que ellos también las cuenten. Al principio, los agoreros pronosticaron que duraríamos cuatro días. Pero en julio de este 2024 cumpliremos siete años, con un éxito creciente y una amplia difusión regional, nacional e internacional.

He contado y sigo contando infinidad de historias reales, de temáticas variadísimas y siempre de un gran interés 19.000 días después. Bueno, ya 19.001. Y ahora inicio esta serie de reportajes de memoria y también de actualidad, en los que voy a rescatar las historias más interesantes de mi trayectoria profesional, y en los que voy a seguir contando las historias que suceden hoy día en España y en el mundo a las que yo tenga acceso, todo lo cual, una vez publicado en este medio, verá la luz también, en su momento, en forma de libro, con este mismo título. Son, sencillamente, HISTORIAS DE UN REPORTERO DE PROVINCIAS.

(PRÓXIMO CAPÍTULO: Cómo, habiendo nacido en España, soy hijo de Portugal).

(José María Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son AbeceImagindario (fotolibro, Fundación Caja de Badajoz), Lencero, el hombre que no se encontró a sí mismo (biografía, Fundación Caja Badajoz), y Susana Leroy (novela, Fundación José Manuel Lara/Grupo Planeta).

SOBRE EL AUTOR

José María Pagador Otero

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