Merkel, la líder más admirada

La canciller alemana se consolida como el líder mundial con mayor prestigio global.

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Con Netanyahu, una sincera amiga de Israel
Con Netanyahu, una sincera amiga de Israel

El prestigio de Ángela Merkel, la canciller alemana cristiano-demócrata, no deja de crecer en Alemania y a nivel global, y muchos son los que vaticinan, e incluso esperan con ilusión, que vuelva a ganar las próximas elecciones y esté mucho tiempo aún al frente del país, no solo por el bien de sus ciudadanos, sino también de Europa y del mundo.

A pesar de las sombras de su gestión –especialmente la imposición de las políticas de austeridad y la dicotomía y el rechazo que eso ha causado en la Unión Europea-, la mayoría de los analistas, dentro y fuera de Alemania, coinciden en que son muchas más las luces en los doce años largos que lleva ya en el cargo. Su liderazgo ha ido creciendo con el tiempo. En las últimas elecciones federales celebradas en 2013, logró una aplastante victoria, con el 42 % de los votos. Después, a pesar de la caída de su popularidad por la crisis de los refugiados y los abusos masivos a mujeres en Colonia en la Nochevieja de 2015, su reconocimiento popular ha vuelto a subir, situándose por encima del 50 %.

BUENAS PERSPECTIVAS

Y las perspectivas electorales de la canciller –a principios del próximo otoño habrá elecciones generales en Alemania- han vuelto a recuperarse. La primera prueba de fuego ante un crecido Partido Socialdemócrata que acababa de elegir líder a Martin Schulz -el prestigioso expresidente del Parlamento Europeo-, en unas primarias donde el político obtuvo el 100 % de los votos, ha sido demoledora para las esperanzas socialdemócratas. En efecto, en las elecciones regionales del Sarre, celebradas en marzo pasado –la primera vez que Merkel se enfrentaba al “efecto Schulz”- el partido de la canciller volvió a arrasar, logrando el 41 % de los votos, nada menos que once puntos por encima de los socialdemócratas.

Hasta sus adversarios internos y externos reconocen su capacidad, autonomía y valores.

Claro que unas regionales en un estado tan pequeño como Sarre no podían considerarse como determinantes a nivel federal. De hecho, los sondeos para las elecciones federales daban no hace mucho un empate entre Merkel y Schulz. Pero eso ha cambiado en las últimas semanas. Es muy probable que la canciller vuelva a ganar y pueda volver a encabezar la “gran coalición” con los socialdemócratas, promovida y liderada por ella en dos ocasiones desde que llegó al poder en 2005, e incluso con otros socios. Y más, después de las nuevas victorias logradas sobre los candidatos de Schulz el 7 y el 14 de mayo pasado, en el Estado de Schleswig-Holstein y en el de Renania del Norte-Westfalia respectivamente. La derrota del candidato socialdemócrata ha sido especialmente dolorosa en este último Estado, donde la socialdemocracia llevaban casi 50 años gobernando.

LA GRAN FIGURA OCCIDENTAL

Son muchos los argumentos que pesan en favor de Angela Merkel para explicar el apoyo de los votantes alemanes y la admiración y el respeto del mundo, tanto en el aspecto personal como en el político, el económico y el institucional. Y más en unos momentos como los actuales, cuando el liderazgo de Occidente se diluye por el Brexit y la pérdida de influencia global y continental de Gran Bretaña y, sobre todo, por el desmoronamiento de la autoridad de Estados Unidos en el mundo, a causa de la presidencia fallida –por emplear un calificativo piadoso- de Donald Trump.

Trump no pudo mirarla a los ojos. Ella parecía la jefa
Trump no pudo mirarla a los ojos. Ella parecía la jefa

Frente a este desastre geoestratégico, frente al maniobrerismo oportunista de la Rusia de Putin y frente al imparable auge de China, emerge la figura de Merkel, al frente de Alemania y de la identidad europea, como la nueva figura de Occidente, la nueva líder que el mundo necesita para contrapesar los vientos siberianos y los monzones, que soplan cada vez más fuertes sobre nosotros.

 

AUSTERIDAD, ENERGÍA, DIÁLOGO

En lo personal, la figura de Merkel se agiganta en proporción directa a su austeridad y modestia. Pocas veces se ve en la alta política a alguien tan sencillo y humano, tan ghandiano, podríamos decir. Una personalidad que se intuye incluso en sus actitudes y hasta en su sobria –casi monacal- manera de vestir.

Muchos piensan que al mundo le iría mejor con líderes como ella al frente de las grandes potencias.

Conocidos son su origen y su historia como hija de un pastor luterano. Aunque nació en la República Federal Alemana, vivió su infancia, adolescencia y juventud en la Alemania comunista, donde su padre ejerció su ministerio. Posiblemente esta combinación de luteranismo y comunismo determinó su educación casi espartana. Si a eso unimos su formación como física, quizás tengamos los ingredientes de su personalidad cercana a los ciudadanos, a las cosas y a la realidad, de la que nunca se ha distanciado, eludiendo el síndrome tan común en muchos políticos que, en cuanto tocan poder, se alejan de la ciudadanía y del entorno social.

Admiran, además de su austeridad, su coherencia y su honestidad intelectual, política y personal; una honestidad a prueba de bomba. No se le conoce caso alguno de corrupción ni en su familia ni en su entorno, ni admite el menor desliz en los equipos que dirige. Otra de sus grandes virtudes es su capacidad de diàlogo y de pacto. Por eso en Alemania son posibles las grandes coaliciones –incluso con adversarios declarados- cuando ninguno de los principales partidos obtiene la mayoría absoluta. Gran parte del mérito de este consenso se debe a ella, autora y responsable del fecundo período de estabilidad y crecimiento que vive el país desde que se hizo cargo del gobierno.

Pero esta suavidad esconde una gran energía. Merkel tiene, ante todo, autoridad y una gran dignidad, que se evidencian todavía más cuando se sitúa junto a figuras tan histriónicas e incosistentes como Donald Trump. En su primera visita a la Casa Blanca, la imagen de Angela Merkel sonriente y distendida frente a un Trump tenso e incapaz de mirarla a los ojos dio la vuelta al mundo.

VALORES Y PRINCIPIOS

Cierto es que la economía de Alemania avanza a velocidad de crucero, con unas cifras apabullantes en productividad, riqueza o exportaciones, y un paro mínimo que casi equivale al pleno empleo. Y cierto que esta buena marcha económica afianza el liderazgo alemán en una Europa que vuelve a crecer, en parte, por efecto de su influencia y a enderezar su rumbo tras el Brexit, gracias, entre otras cosas, a la inspiración de Merkel. Son méritos probados e indiscutibles. Pero lo que más admira en la canciller es su sentido ético, su solidaridad humana, su independencia moral, su valentía frente a las injusticias, ocurran donde ocurran. Merkel es una líder de probados valores y principios.

Plantando cara a Putin
Plantando cara a Putin

Por ejemplo, Merkel es capaz de defender públicamente a los gays de Chechenia ante Putin, un homófobo declarado; o de no ponerse velo cuando visita a las monarquías árabes; o de aguantar el tipo sin caer en demagogias xenófobas en una crisis como la de la Nocheviena de Colonia; o de pedir perdón en Israel –país con el que mantiene una relación especial de cercanía y cooperación- por las atrocidades nazis.

Su probada compasión es la causa de que Alemania sea el principal país de acogida de refugiados en Europa. En 2015 acogió a más de un millón. En 2016 fueron casi trescientos mil los refugiados que encontraron asilo en el país.

LIDERAZGO

Pero esta humanidad no resta energía a su liderazgo. Esto se observa con claridad en su actitud frente a la Gran Bretaña tras el Brexit. Merker es la líder fuerte de Europa frente a Teresa May, la líder débil del RU. La canciller ha pedido claramente a los británicos que se dejen de marear la perdiz y se vayan cuanto antes de la Unión, eso sí, abonando previamente las facturas pendientes.

Ella no se cubre la cabeza. Merkel es así.
Ella no se cubre la cabeza. Merkel es así.

Y este liderazgo es multipolar y geoestratégido, como lo prueba el hecho de que Merkel haya pedido claramente a la Unión Europea que no dé la espalda a Turquía, a pesar de los tics autoritarios de este país. Merkel sabe que Turquía es un socio imprescindible en el flanco oriental de Europa, donde la UE y la OTAN tienen importantes intereses geoestratégicos de equilibrio frente el expansionismo de la Rusia de Putin.

Por si fuera poco, las aplastantes victorias de Macron en Francia favorecen la posición de liderazgo de Merkel. El eje franco-alemán vuelve a ganar fuerza como elemento centrípeto, frente a la movimientos centrífugos del Brexit o de los populismos antieuropeos de otros países de la Unión.

El eje Merkel-Macron puede relanzar el proyecto europeo.

Que Merkel va a ganar las elecciones federales del 24 de septiembre es un pronóstico que desde PROPRONews hacemos sin arriesgar lo más mínimo. La diferencia con los socialdemócratas en las encuestas empieza a ser tal, que incluso podría hacerlo por mayoría absoluta. Con ella y con Macron, la UE puede entrar en una etapa de consolidación y crecimiento del proyecto comunitario. La meta es relanzar Europa y avanzar en la unión fiscal y política. Nada menos.