¡¡ATRAPADOS!!

Pesadilla en el aeropuerto: el Gobierno abandona a su suerte a los ciudadanos atrapados en las protestas

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Insostenible situación en El Prat. METROPOLI ABIERTA
Insostenible situación en El Prat. METROPOLI ABIERTA

Decenas de millares de ciudadanos y ciudadanas españoles y de otros países sufren con frecuencia en el nuestro las consecuencias de huelgas, protestas, manifestaciones y ataques de colectivos descontentos y también de fanáticos que llegan a hostigar intereses privados en aras de una teórica defensa de la ciudad o del medio ambiente. Frente a estos desmanes el ciudadano común y corriente está desprotegido. La autoridad pasa olímpicamente.

Los trabajadores de las compañías que operan o prestan servicios en los aeropuertos tienen derecho a manifestarse y a declararse en huelga. Eso nadie lo discute. Del mismo modo que cualquier colectivo discrepante puede exteriorizar su protesta con todo el derecho. Pero ¿qué pasa cuando el ejercicio de esos derechos de colectivos muy respetables pero minoritarios –tampoco cambiaría nada si fuesen mayoritarios- conculca los derechos del conjunto de los ciudadanos y las ciudadanas? ¿Y qué pasa cuando la autoridad competente abandona a la ciudadanía, a los usuarios, a los consumidores, al albur de esas acciones que muchas veces dejan atrapadas a decenas de millares de personas en aeropuertos, estaciones de ferrocarril, aviones, trenes, hoteles o sitios aun más inverosímiles, abandonadas a su suerte, convertidas en moneda de cambio –cuando más numerosa mejor- de los huelguistas y alborotadores que las utilizan para conseguir sus fines? ¿Por qué ni el Gobierno de la nación ni ninguna otra autoridad intervienen para poner orden en esos atropellos y rescatar a esas personas del secuestro de facto en que se convierte su infeliz idea de tomarse unas vacaciones, emprender un viaje o visitar a alguien en otra ciudad?

ABUSO Y ABANDONO

La situación que está viviendo estos días el aeropuerto barcelonés de El Prat es paradigmática de este abuso por parte de determinados colectivos, y de este abandono por parte de las autoridades. A esos colectivos se les reconocen todos los derechos, por supuesto. Pero hay que salvaguardar en primer lugar los derechos de los ciudadanos, de los usuarios indefensos, que, además, son los que pagan y permiten que líneas aéreas, compañías de turismo, aeropuertos y empresas de seguridad sigan funcionando.

Las cancelaciones de vuelos causan graves problemas a los usuarios. VUELING AIRLINES
Las cancelaciones de vuelos causan graves problemas a los usuarios. VUELING AIRLINES

El problema no es de hoy ni se resolverá mañana, mientras las autoridades no establezcan un protocolo que dé prioridad a los derechos de la ciudadanía, respetando, eso sí, los derechos de todos los demás, incluidos los colectivos afectados. PROPRONEWS estará siempre al lado de los trabajadores que ven conculcados sus derechos económicos y laborales, y más en esta situación de crisis y de explotación que muchos de ellos padecen. Pero nuestro periódico tiene que atender también los derechos de la ciudadanía inocente, que cada día sufre agresiones y molestias de todo tipo a causa de acciones en las que no tiene arte ni parte.


Los usuarios del aeropuerto del Prat sufren a diario este tormento.


De una vez por todas, el Gobierno y el resto de las autoridades tienen que garantizar el derecho de los pasajeros –muchos ellos, ancianos y niños, e incluso discapacitados o enfermos- a no quedar secuestrados durante horas o días en el interior de los aeropuertos; a no sentir el miedo de ver agredidos los autobuses turísticos en los que recorren las ciudades; a no recibir la hostilidad de esos cafres que quieren erradicar el turismo de sus ciudades, en un tiempo en que el mundo es global y los ciudadanos de esa misma ciudad, también visitan otras situadas a millares de kilómetros.

CANCELACIONES Y OVERBOOKING

Y lo mismo puede decirse de las empresas y las compañías, líneas aéreas, turoperadores, hoteles etc, que con demasiada frecuencia cancelan vuelos de manera unilateral, dejando a centenares o millares de pasajeros en tierra y, muchas veces, en ciudades o países que no son los suyos: o practican el odioso overbooking, vendiendo en aviones y hoteles más plazas de las disponibles para garantizarse la plena ocupación.

En unos casos y en otros la ciudadanía no puede seguir aceptando resignadamente estos abusos, ante una autoridad que prácticamente abandona su obligación de protegerla. Cualquier día una situación de estas, controlables hasta ahora gracias a la paciencia y la educación de los ciudadanos, puede estallar de la peor manera posible, dando a lugar incidentes de difícil solución en concentraciones tan masivas.