Cuatro corazones en Nacala

Crónica desde Mozambique

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Uno de los cuatro corazones que sostienen el centro.
Uno de los cuatro corazones que sostienen el centro.

A las cinco de la mañana despierto y oigo a alguien barriendo el ya impoluto patio de la Casa de Salud. Canta también un gallo en la machamba. Ha llovido a mares durante la noche. Dicen que es extraño. No es ahora tiempo de lluvias. Pero esta que ha caído sirve para rellenar los tanques de recogida de agua, que luego se administra con cuidado. Aquí el despilfarro es un crimen. Oigo también los cánticos en la capilla. Va a empezar el día.

Elisa Blázquez Zarcero. Mozambique (texto y fotos).

En esta rutina ellas llevan veinticinco años. Son las Hermanas Pilarinas. Llegaron a Mozambique cuando el país acababa de firmar la paz, tras una cruenta y larga guerra civil que lo dejó arrasado por el odio, la miseria y el hambre. En el austero comedor de la misión, la hermana Leonor, superiora de Nacala, ciudad costera de 300.000 habitantes, me cuenta que la necesidad más inmediata en un país lleno de necesidades, era, cuando llegaron, dar de comer a los niños desnutridos, muchos de ellos en grado muy avanzado.

Nuestra periodista ayudando en el comedor
Nuestra periodista ayudando en el comedor

Había entonces dos hermanas enfermeras que pronto pusieron en marcha un dispensario. Ambas cosas y bastantes más siguen en marcha tanto tiempo después. Asombra la capacidad de trabajo de estas cuatro impresionantes mujeres que, al día de hoy, atienden a 40 niños desnutridos, dan clase a 200 de preescolar, tienen una media de consultas sanitarias de 2.000 al mes, y los miércoles y los jueves reparten leche para otras 200 familias. Además, en los ratos libres imparten clase a los empleados que tienen y enseñan a coser a otros cuantos, que así encontrarán un medio de vida digno.

El patio de la misión, siempre impecable, es un lugar repleto de actividad y sumamente acogedor; un remanso de alegría y paz.

La solidaridad de nuestra generosa periodista viajera.

“Y es que en veinticinco años -dice Leonor- la situación ha mejorado, pero no tanto como sería deseable. La corrupción impide en muchas ocasiones que las ayudas lleguen a su destino; el metical, la moneda del país, está muy bajo y la carestía es notable. La gente pasa hambre, y donde hay hambre hay enfermedades. Ha mejorado algo, pero podía ser mucho más”.

ABISMO ENTRE CLASES

“Otro problema es el sistema educativo, que es pésimo. Se crea así un gran abismo cada vez mayor entre ricos y pobres y eso es un insulto que me duele; me duele mucho la falta de vivienda digna, el analfabetismo… Son grandes desafíos que no podemos atender como quisiéramos” explica Leonor con una nube de tristeza en los ojos.

Le hago ver que percibo esa desesperanza, pero ella sonríe y añade: “no, desesperanza, no. Creo que el ser humano tiene la capacidad de prosperar, y esas ganas las vamos viendo. Vamos notando un progreso, aunque sea lento. Aquí dicen que los blancos les “abrimos la cabeza”. Y eso queremos hacer: abrir cabezas, para que entren las fuerzas para protestar, para exigir una vida mejor. Hay que sembrar mucho para recoger algo, y eso hacemos y no hay desánimo, al contrario, ganas de trabajar más. En once años que llevo aquí noto ese cambio de mentalidad y, aunque muy poco a poco, estoy convencida de que el esfuerzo merece la pena”

Alimentar y educar esa es la misión
Alimentar y educar esa es la misión

Otra preocupación añadida es la situación de mujeres y niños, “dos grupos especialmente marginados -cuenta la hermana-. Curiosamente la sociedad Macúa, mayoritaria en esta zona, es matriarcal, pero sólo en teoría, en lo cotidiano, en lo doméstico. Hay maltrato, violencia y un machismo exacerbado. Y como los hijos pertenecen a la madre por tradición, el hombre se despreocupa de su crianza. Hay que añadir, además, que esta parte al noroeste del país es islámica, lo que también influye. Ahora, el gobierno ha promulgado una ley de la familia que promueve la igualdad de la mujer y la protección de los niños, pero falta aún mucho camino por recorrer”

Elisa pasa dos meses en Mozambique prestando su colaboración.

Las Hermanas Pilarinas reciben algunas donaciones importantes, que les ayudan a mantener el centro, pero han de lidiar con la compleja burocracia para conseguir pagar los impuestos reglamentarios cuando llegan los contenedores.

Cuentan que ahora recibieron un cargamento del Plan Mundial de Alimentación -soja y concentrados para recuperación nutricional- pero les está costando sacarlo adelante, tantas son las condiciones que les imponen para el reparto y el papeleo que rellenar.

Las cuatro hermanas realizan una ingente labor
Las cuatro hermanas realizan una ingente labor

“Somos cuatro nada más – dice Leonor-, nosotras sabemos perfectamente quién lo necesita, pero piden que midamos el contorno del brazo de cada niño con arreglo a la norma suya, y si tiene un centímetro más ya no se le puede dar esa comida, aunque el pequeño esté esquelético y nosotras sepamos a ciencia cierta que lo precisa. Dan ganas de devolverlo todo, pero no podemos hacerlo. Los niños lo necesitan. Y ahí andamos, rellenando papeles como podemos para que la ayuda no se pierda ”

Desde mi ateísmo espiritual quedo completamente fascinada por el trabajo de estas maravillosas mujeres y siento dolor e impotencia ante tanta injusticia social. Y ante la injusticia, la entrega. Las Hermanas Pilarinas luchan contra la pobreza y tú que lees puedes echarles una mano. Este es su número de cuenta. Toda ayuda viene bien

 

DATOS PARA ENVIAR AYUDA A LOS NIÑOS DE NACALA

 Obra Missionaria de Jesús e Maria, Cidade Alta, Bloco I. Centro de Apoyo Materno Infantil. Nacala-porto (Nampula) Mozambique 

Banco Millennium BIM

Número de cuenta:

Código swift: BIMOMZMXXXX

IBAN: MZ59000100000008700085357

NIB: 000100000008700085357