Tres grupos unidos por una misma afición. J.M.P.
Tres grupos unidos por una misma afición. J.M.P.

El juego se llama LARP (Living Action Role Play) y consiste en que grupos o equipos de jóvenes se enfrentan en batallas regladas, con armas e impedimenta de raíz histórica o fantástica y estética medieval o de otras épocas. Nuestros lectores y lectoras les habrán visto en parques y zonas públicas de las ciudades españolas, porque ya existen centenares de equipos en la mayoría de ellas. El deporte que practican parece violento, pero no lo es. Está regido por normas de respeto y no agresión. Sus practicantes son los guerreros del siglo XXI, empeñados también en la lucha por la supervivencia y por salir adelante en un mundo cada vez más difícil para ellos.

El paseante distraído que se acerca a un parque, una plaza o cualquier espacio público de cierta amplitud en cualquier ciudad española y en muchas del mundo, lo primero que puede oír es una algarabía de gritos y golpes, un tumulto formado por numerosos jóvenes que le inducirá a temer una pelea masiva de alto riesgo. Un encuentro entre maras. Nada más lejos de la realidad, sin embargo. Si el paseante no es asustadizo y se ha atrevido a acercarse al campo de batalla, enseguida descubrirá que las huestes contendientes están provistas de toda clase de armas, sí, –espadas, cuchillos, hachas, mazas, arcos, flechas, escudos…- y ataviadas como antiguos guerreros medievales, o japoneses, o nórdicos, o de forma puramente fantasiosa. Pero son armas de mentira, aunque espectaculares y algunas, desmesuradas. Los guerreros luchan denodadamente unos contra otros; profieren gritos y voces de intimidación; una lluvia de flechas de punta roma cae en algún momento sobre un flanco; un aluvión de espadazos y hachazos pone a prueba el material casero con el que están confeccionados los escudos, las armaduras y las defensas. Algunos se tropiezan y caen. Pero nadie pronuncia una mala palabra, ni se ceba con el caído –al que enseguida ayudan a levantarse-, ni se produce una sola herida, ni nadie resulta con daño. Todos se emplean a fondo, pero lo hacen tan bien que no hay lesiones ni rencillas. Un entretenimiento, un juego, un deporte menos violento que el fútbol a pesar de las apariencias –aquí no hay patadas, ni codazos, ni cabezazos, ni escupitajos, ni zancadillas- y mucho más cultural y educativo.

El LARP se ha extendido ya por casi todas las ciudades españolas.

Para alguien que no esté al día en las políticas de género y en lo que han cambiado estas cosas entre las nuevas generaciones, le resultará además asombroso ver que entre los luchadores hay chicas que combaten con el mismo arrojo y pie de igualdad que sus compañeros varones. Aquí no existe discriminación y todos, mujeres y hombres, son iguales. En este juego no hay princesas que permanecen alejadas de la contienda esperando que un caballero las vaya a salvar. Aquí ellas son tan fuertes y bravas como ellos o más, y tan expeditivas con las armas. Y da gusto verlas y verlos. Sorprende observar cómo las dos mesnadas se aproximan una a otra en orden de combate, y con qué fiereza y cuidado entran en liza sin generar una mala reacción ni una palabra malsonante.

LA BATALLA

Es un sábado o un domingo cualquiera en los jardines gaditanos de Celestino Mutis, que honran la memoria del gran botánico del siglo XVIII. Las tropas se han dado cita de buena mañana en la arena del anfiteatro del parque, a la sombra del gran toldo en forma de vela que protege el lugar de los inclementes rayos del sol. Esta mañana se enfrentan tres grupos o ejércitos llamados El Bosque Perdido, Mercenarios y Tormenta del Guiverno. Los componentes tienen entre 15 y 24 años.

Las chicas participan en las contiendas al mismo nivel que los chicos.

Las chicas participan en igualdad con los chicos. J.M.P.
Las chicas participan en igualdad con los chicos. J.M.P.

Durante unos minutos observamos atentamente el desarrollo de la batalla. El ruido es ensordecedor y la fiereza de los contendientes parece imparable. Desde los ángulos les fotografiamos sin que ellos parezcan inmutarse por nuestra presencia. Incluso da la impresión de que nuestra curiosidad les estimula. En un receso, llamamos su atención expresando nuestra intención de hacer un reportaje sobre su actividad. La treintena de jóvenes nos rodea con la mayor educación y respeto. Cuando preguntamos por un líder con el que poder hablar, todos nos señalan a Alejandro Moreno Nowell, perteneciente a El Bosque Perdido. A sus 24 años parece el mayor de todos. Es uno de los pocos que tiene trabajo. Tras graduarse en ESO, cursar un PCPI (Programa de Cualificación Profesional Inicial) de informática y hacer prácticas en una tienda durante tres meses, actualmente trabaja como empleado en una pescadería, tiene novia y vive independiente. Sus aficiones son el buceo, la pesca y, por supuesto, el softcombat/larp.

“La base de este deporte –explica- es el softcombat o “lucha blanda”, pero en otra modalidad llamada LARP, parecida al soft, pero mucho más dinámica. Y nació en Estados Unidos en 1977 de la mano de un grupo de rol llamado Dagorhir, que intentó crear un sistema de combate diferente, que tuviese interpretación y vistosidad, con armas fantásticas o medievales. Nosotros nos aficionamos después de haberlo probado alguna vez, sobre todo en eventos de salones manga”. Alejandro lleva ocho años practicándolo y es uno de los más veteranos de estos grupos, en los que los hay que llevan apenas un año.

CIENTOS DE GRUPOS

El Larp se ha extendido por toda Andalucía –donde hay ya cientos de grupos- y por España y existen ya incluso asociaciones. Algunos de estos grupos tienen contacto entre sí y participan periódicamente en eventos. Es un deporte, en suma, que está en auge y sigue extendiéndose por el país, donde ya se organizan torneos y otras actividades.

Los contendientes en plena batalla. J.M.P.
Los contendientes en plena batalla. J.M.P.

“Dependiendo de la modalidad, las reglas pueden variar, pero casi siempre son las mismas –dice Alejandro-. En el softcombat las reglas son simples: dos jugadores participan en un duelo a tres puntos. Vale dar en cualquier parte, exceptuando el bajo vientre, el cuello y la cabeza, y el pecho en el caso de la mujer. El duelo lo gana quien alcance los tres puntos. A cada golpe, los contendientes se separan y los árbitros son la ley. En cambio, en el larp el sistema de puntos se basa en el tipo de armadura que lleves. Por ejemplo, si yo llevo cuero y mi rival lleva placa de acero, él tendrá más puntos de vida que yo por ir más blindado a la hora de luchar. El modo de batalla es distinto al softcombat, porque aquí son golpes seguidos y los árbitros puntúan cada golpe bien recibido o bien dado. Cuando ellos detienen el combate, suman los puntos y deciden el ganador. Y luego está el Combate por Honor, modalidad más interpretativa, en la que las armas pesan y cansan más. Si te “dañan” alguna extremidad, la pierdes. Es decir, se juega a dejar sin extremidad o a golpe letal. Pero todo es roleando al personaje que interpretes”.

En cuanto a la presencia de mujeres en este deporte, Alejandro confirma que en su grupo hay tres chicas “que participan en igualdad en todo”. Sobre la jerarquía, este grupo se rige por un pequeño consejo de cinco miembros, aunque en otros grupos puede haber un líder máximo.

ARSENALES

El tipo de armas utilizadas en este deporte varía según el gusto de cada grupo. Los hay que se especializan en un solo tipo de armas. El de Alejandro, en cambio, dispone de un auténtico arsenal formado por dagas y cuchillos; espadas, espadas dobles, espada-escudo y espadas bastardas; katanas; hachas grandes y cortas; lanzas, lanzas de doble filo y BO (jabalina); chakram, martillos, mandobles y claymores o nodachis. Y también utilizan armas de videojuegos o de fantasía adaptadas a las medidas de cada arma reglamentaria.

El armamento y la equipación que utilizan los luchadores y luchadoras pueden elaborarlos ellos mismos o adquirirlos en tiendas especializadas vía internet. El grupo no se atiene a estatutos ni existen cuotas. Cuando tienen que tratar determinados asuntos se reúnen en la Casa de la Juventud, donde deliberan sobre temas de su interés o realizan talleres para confeccionar o reparar las armas.

Alejandro, con su arma imponente. J.M.P.
Alejandro, con su arma imponente. J.M.P.

En los combates de estos luchadores normalmente la sangre no llega al río, pero si alguien “se calienta” más de lo debido, “tratamos de tranquilizar el asunto hablando, o dejando que el causante se relaje. Una vez que se tranquiliza, se reúnen, se habla como personas civilizadas y todo solucionado”, dice Alejandro. Y la reacción de la gente ante un deporte tan inusual no siempre es la misma. “A la mayoría de las personas ancianas les parece violento o infantil. En cambio, a otras les parece atractivo, porque es algo que no se ve todos los días, y a veces incluso vienen a vernos entrenar y pelear.” Los padres, por su parte, “creen que es algo peligroso y que podríamos lesionarnos. Pero es como todo deporte, que puedes lesionarte o no, dependiendo de cómo lo practiques.”

 NEGRO FUTURO

Además de practicar su afición, estos jóvenes cultivan la amistad entre ellos, se reúnen a menudo y llevan la vida propia de su edad. Y, claro, hablan de cómo está el país, de lo que está pasando y del futuro. Alejandro pone voz a esas opiniones: “Me parece que España está hecha un tremendo desastre, tanto en materia de educación, como en política, como en la forma de vivir de la vente. Si España sigue a este ritmo, el futuro que vemos es demasiado negro, tanto para nosotros como para las próximas generaciones”. Y sobre el papel de la mujer en la sociedad y la discriminación que todavía padece, es igual de claro: “La mujer debería ser aceptada desde hace muchísimo tiempo en cada trabajo como uno más. No entiendo por qué en la mayoría de trabajos una mujer no es apta para algunos, cuando tiene las mismas condiciones que un hombre en todos los sentidos.”

Entre los padres de estos chicos, que sufren como el resto de la sociedad los graves problemas que aquejan al país, hay de todo; algunos trabajan, otros están parados y otros, jubilados o prejubilados. Pero estos jóvenes, a pesar de los problemas que afrontan y del difícil horizonte que se abre ante ellos, siguen luchando en el juego y en la vida. Son los nuevos guerreros del siglo XXI. Lo hacen por deporte, pero también luchan por la existencia, por llegar a ser alguien, por tener una vida digna. Entretanto, Alejandro anima a todos a acercarse a su deporte favorito. “Si la gente quiere probarlo, que no sea tímida y venga a disfrutarlo. Después de cada entrenamiento o lucha de equipos, cuando te saludas con los compañeros y rivales, disfrutas de cada momento y oportunidad. Y eso es de las mejores sensaciones que se pueden vivir”.