Nunca antes un presidente del Gobierno en ejercicio había tenido que declarar como testigo por la corrupción de su propio partido, un partido en el que él tenía, y tiene, las máximas responsabilidades cuando se produjeron los delitos que ahora se enjuician. Pero, además, su bochornosa declaración y las evidencias mostradas por las acusaciones –que le salpican directamente-, vuelven a poner de manifiesto su ineludible responsabilidad. Una vergüenza que en cualquier otro país civilizado acarrearía su dimisión.

Testigo de la corrupción de su partido.
Testigo de la corrupción de su partido.

“No sé”. “No lo recuerdo”. “A ese señor yo no le conocía”. “De ese asunto yo no sé absolutamente nada”. “Yo no era responsable de eso”. “Yo no tenía nada que ver con la gestión económica”. “Me enteré por los periódicos”… Y así en todas las ocasiones en que se le preguntaba por algo fundamental para el asunto, dentro del juicio por el caso Gürtel, la trama corrupta infiltrada en el PP y coorganizada o coparticipada por altos dirigentes del PP, entre ellos, los gerentes y tesoreros como mínimo. Si ya era vergonzoso para un país ver a su presidente sentado en el banco de los testigos para prestar testimonios relativos a la propia corrupción de su partido, sabiendo que los medios de información del mundo estaban pendientes de esa comparecencia, más vergonzoso ha sido ver los titubeos y las negativas del señor Rajoy en respuesta a las preguntas de los letrados y ante las evidencias de ver su nombre en la lista de los pagos de sobresueldos en B que fue exhibida en las pantallas de la sala y que todo el mundo pudo comprobar en directo.

TRATO DE PRIVILEGIO

Lo primero vergonzoso de la sesión fue el trato de privilegio dado por la Audiencia de Madrid al señor Rajoy –que comparecía como alto dirigente del PP, no como presidente del Gobierno- colocándole en un sitial expresamente instalado para él sobre el estrado y a la derecha y a la misma altura que el tribunal, algo jamás visto en una sala de justicia. Esto motivó una queja en toda regla del abogado Benítez de Lugo, uno de los letrados de la acusación. A continuación, y a lo largo de las dos horas de comparecencia de Mariano Rajoy, el presidente del tribunal inadmitió numerosas preguntas esenciales de los letrados, con la excusa de que tales detalles se sustancian en una pieza separada del caso (“los papeles de Bárcenas”), lo que motivó las reiteradas y firmes protestas de los abogados de la acusación. En muchas ocasiones, los titubeos, las frases abstrusas, el enronquecimiento de la voz, el rubor y la gestualidad facial y corporal, ponían de manifiesto la presunta contradicción entre lo que el testigo decía y lo que sabía o pensaba. Tan nervioso estaba que en una ocasión tocó la base de su micrófono y lo apagó. En otras ocasiones, sin embargo, Rajoy, furioso en su fuero interno, se mostraba impertinente hasta el punto de que el presidente del tribunal tuvo que llamarle la atención, como cuando le espetó a un letrado: “se ha equivocado usted de testigo”. Aunque, a diferencia de los diferentes letrados, él no bebió en ningún momento de su declaración de dos horas, la voz se le enronquecía por momentos y daba la impresión de tener la boca seca, en particular cuando llegó el momento de hablar de los presuntos sobresueldos en negro que figuran en la contabilidad B del partido o de los sms de apoyo que envió a Bárcenas cuando ya se sabía que este tenía millones de euros en cuentas secretas de Suiza.

Un lugar de privilegio en el estrado.
Un lugar de privilegio en el estrado.

DENEGADO UN CAREO CON BÁRCENAS

El presidente del tribunal no permitió que se le preguntara por los cobros en B, declarando esas preguntas no pertinentes. Con el mismo argumento de que esa diligencia no correspondía en esta causa, el magistrado rechazó la petición del abogado Benítez de Lugo, que, invocando el artículo 451 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, pidió un careo entre Rajoy y Bárcenas.

El presidente debe dimitir de inmediato.

Por otra parte, la negativa de Rajoy de que tuviera amistad o relación estrecha con Álvaro Pérez “El Bigotes” quedó desmontada con la exhibición en pantalla, por parte de otro abogado de la acusación, el letrado Virgilio Latorre, de una carta de aquél al presidente del Gobierno, en la que le tutea con toda confianza y le pide que interceda para que el PP gallego le pague unas facturas que le debe. Luego, el mismo letrado muestra un documento manuscrito de la contabilidad B del PP fechado en el año 2000, en cuyo primer trimestre aparecen anotaciones de presuntos pagos en B a Mariano Rajoy, entre otros altos dirigentes del partido. Virgilio Latorre vuelve a recordar, para sustentar su argumentación, la célebre frase de Mariano Rajoy en aquel momento: “todo es falso, salvo alguna cosa”. Tampoco sabía nada, dijo, de cómo se pagó un viaje familiar que hizo a Canarias tras las elecciones de 2004, un viaje particular, no oficial, y del que Rajoy dijo que “se pagó con fondos del PP hasta donde yo sé”, cuando hay sospechas del origen ilícito de su abono.

El letrado de la acusación Benítez de Lugo.
El letrado de la acusación Benítez de Lugo.

La parte más espinosa del interrogatorio llegó cuando los letrados de las acusaciones le preguntaron por sus relaciones con Bárcenas, sus reuniones con él después de saltar el escándalo, su conocimiento de su fortuna en Suiza –“me enteré por los periódicos”, volvió a decir- y sus explícitos mensajes de apoyo.

Que le hayan subido al escenario es lo mínimo que se puede hacer con un actor.

El abogado recordó el primero de los sms del presidente del Gobierno y del PP a Bárcenas: “Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos”. El señor Latorre preguntó a Rajoy qué hizo a favor del extesorero, y aquí volvió a vacilarle la voz al testigo y se enredó en una respuesta confusa y reiterativa muy en su estilo desmañanado. El abogado le recordó que, 48 horas después del primer sms, Mariano Rajoy envió otro mensaje a Bárcenas que decía: “Luis, lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré”. El abogado le preguntó qué era lo que entendía y cuál fue su reacción y Rajoy aseguró que ya no le llamó, contradiciendo así lo que había dicho minutos antes de que él siempre contestaba.

El letrado Virgilio Latorre puso en serios aprietos al desmemoriado testigo.
El letrado Virgilio Latorre puso en serios aprietos al desmemoriado testigo.

OCHO VERGÜENZAS

A pesar de las versiones interesadas de algunos medios, que han dado una visión edulcorada del testimonio de Mariano Rajoy, diciendo cosas tales como que le había dado “un buen repaso a los abogados de la acusación” y que la declaración le había favoracido, la realidad es bien otra, como toda la ciudadanía ha podido ver en televisión. La declaración de Mariano Rajoy como testigo en la causa de corrupción que afecta a su propio partido ha sido una vergüenza en todos los sentidos, y por diversas y numerosas razones:

El presidente del tribunal rechazó numerosas preguntas de los letrados.
El presidente del tribunal rechazó numerosas preguntas de los letrados.

1ª.- Rajoy y el PP han puesto toda clase de obstáculos a su comparecencia. La acusación ha necesitado nada menos que cuatro intentos para conseguir que Rajoy compareciera como testigo y que, además, lo hiciese en persona. Si todo fuese tan claro y limpio él habría sido el primero en querer declarar.

2ª.- El Gobierno y el PP, ante la evidencia de que Rajoy tendría que declarar como testigo, trataron por todos los medios de dilatar la comparecencia y de reducirla a un simple cuestionario por videoconferencia. ¡Otra vez la pantalla de plasma a la que tan aficionado es el político! Menos mal que los magistrados decidieron por mayoría –con el significativo voto en contra del presidente del tribunal- que Rajoy compareciese en persona, como cualquier otro ciudadano.

3ª.- Los argumentos dados por el Gobierno para tratar de soslayar la comparecencia física fueron tan peregrinos y vergonzosos como los problemas de calendario del presidente o de seguridad en el entorno de la Audiencia, a lo que el órgano judicial respondió que nada hay más seguro que dicha sede judicial, mucho más segura que otros lugares a los que Rajoy suele acudir en actos públicos, y que problema de agenda no podía haber cuando era el propio Rajoy el que proponía la fecha.

4ª.- Sustanciada la comparencencia después de haber rechazado el tribunal todas estas alegaciones cuasi infantiles, y fijados día y hora, el presidente ha necesitado, según informaciones públicas, entre tres y cuatro días de largas reuniones con sus colaboradores más directos y el abogado del PP, Jesús Santos, para preparar su comparecencia, y eso que, según decía, “poco o nada” tenía que aportar al juicio. Quien no tiene nada que ocultar no tiene que preparar nada, pues le basta con decir sencillamente la verdad.

5ª.- En su declaración de dos horas como testigo, Rajoy lo ha negado todo y no ha respondido a nada, salvo a aquellas cuestiones secundarias sobre las que se ha permitido incluso bromear diciendo que contestaba “a la gallega”. En lo esencial ha dicho siempre no sé, no recuerdo, lo niego, etc. Pero las evidencias, tozudas, están ahí.

6ª.- Todo el mundo ha podido ver en España y fuera –noventa medios españoles y extranjeros han cubierto la noticia-, el nerviosismo de Rajoy cuando le preguntaron sobre sus mensajes de aliento a Bárcenas y la inconsistencia y embarullamiento de sus explicaciones.

Primera anotación en la que Rajoy aparece como perceptor de pagos en negro, exhibida en la Audiencia Nacional. PROPRONews
Primera anotación en la que Rajoy aparece como perceptor de pagos en negro, exhibida en la Audiencia Nacional. PROPRONews

7ª.- Todo el mundo ha visto nítidamente claro en la pantalla de la Audiencia Nacional y en sus televisores, el primer documento manuscrito de la contabilidad B del PP en la que, en el año 2000, aparece ya el nombre de Mariano Rajoy como perceptor de cobros en B. En esa contabilidad clandestina figuran por lo menos 28 pagos a Rajoy en dinero negro, como sobresueldo entre 2000 y 2008, por importe de 220.574 euros, es decir a una media de casi 8.000 euros por pago. ¿En qué cabeza cabe que un tesorero va a realizar tales anotaciones si son falsas, solo con el ánimo de involucrar “en diferido”, años después, a alguien que en ese momento es su correligionario, su jefe y su amigo?

8ª.- La declaración de Rajoy como testigo no ha sido otra cosa que una pantomima insostenible, a cuya vergüenza se suma el trato de privilegio recibido por parte del tribunal. De todos modos, que le hayan subido al escenario es lo mínimo que se puede hacer con un actor. Los ciudadanos y los periodistas independientes nos sentimos abochornados por el espectáculo dado a nivel mundial por la declaración de Rajoy y por el tratamiento sesgado de ciertos medios de comunicación españoles, que tratan la noticia como si Rajoy fuese un honrado ciudadano que no tiene nada que ocultar y que ha salido más que airoso de su comparecencia como testigo en el mayor caso de corrupción de la historia de España.