Emiliano García Page. JCCLM
Emiliano García Page. JCCLM

Militantes socialistas de Castilla-La Mancha y de toda España se preguntan estupefactos cómo el presidente regional, Emiliano García Page, ha podido dar este giro radical en unas pocas semanas, un giro que le lleva a abrazar al mismo Podemos cuya posible alianza recriminó a Pedro Sánchez y a pedir la intercesión de este después de haberle traicionado.

Hasta el golpe que derribó a Pedro Sánchez, mejor dicho, hasta que se supo que ese golpe estaba en marcha y que Emiliano García Page era uno de sus principales instigadores –o al menos uno de los más feroces-, el presidente de Castilla-La Mancha gozaba entre las bases socialistas de su comunidad y del resto del país de un prestigio derivado de una amplia experiencia política en diversos cargos municipales y también al frente de diferentes consejerías de la Junta de Comunidades y de la portavicía del gobierno autonómico, pero, sobre todo, de su acceso a la alcaldía de Toledo y posterior revalidación de la misma en el peor momento electoral para el PSOE.

Se somete a Sánchez pero pacta con Podemos con tal de seguir en el cargo.

En las elecciones municipales de mayo de 2007 García Page se presentó por primera vez a la alcaldía toledana. No ganó por poco. Quedó segundo, con once concejales, por detrás del entonces alcalde del PP, José Manuel Molina, que le sacó un concejal. Pero la victoria había sido de la izquierda en general y Page fue capaz de pactar y convencer a los dos concejales de IU, que le dieron sus votos, lo que le permitió convertirse en alcalde. Pero su gran éxito llegaría cuatro años después, cuando, en plena debacle electoral socialista a causa, entre otras cosas, de los vaivenes de Zapatero, logró alzarse con la victoria en las municipales de mayo de 2011, revalidando la alcaldía después de cuatro años de gestión satisfactoria –como reconocen diferentes sectores de la ciudad- y siendo la primera vez que el partido socialista ganaba en democracia la alcaldía toledana como vencedor de las elecciones, lo que le permitió gobernar la ciudad otra legislatura en solitario.

El salto a la presidencia de la Junta de Comunidades estaba servido. En las elecciones autonómicas de mayo de 2015 en las que fue candidato, aunque la ganadora fue María Dolores de Cospedal, del PP, Page logró el apoyo de los diputados de Podemos y consiguió ser investido presidente. Desde entonces todo parecía un camino ascendente de este político que para muchos socialistas parecía convertirse en una esperanza de futuro para su partido. Pero cuando Pedro Sánchez fue elegido secretario general del PSOE, Page no solo empezaría a mostrar en privado y en público unas discrepancias cada vez más disonantes para la mínima lealtad que se pide en un partido, sino que se unió gustosamente a la facción que planificó y ejecutó la vergonzante defenestración del secretario general. Incluso en su delirio de creer, con los otros barones golpistas, que Susana Díaz arrasaría, se jugó el todo por el todo a la carta de la andaluza, quemando todas sus naves con unas declaraciones públicas de un irreversible tono amenazante.

MANTENERSE EN EL CARGO

La conducta de Page durante los largos meses de agonía de Sánchez hasta la victoria final de este, fue de un ataque permanente al exsecretario general, al que llegó a recriminar su presunto giro hacia Podemos, precisamente él, que era presidente de su comunidad gracias a Podemos. Incluso llegó a amenazar que si ganaba Pedro Sánchez las primarias socialistas, él se iría y no volvería a ser candidato de dicho partido.

Page con Pedro Sánchez en Toledo, en mayo de 2015. WIKIPEDIA
Page con Pedro Sánchez en Toledo, en mayo de 2015. WIKIPEDIA

Todo cambió, sin embargo, tras la victoria de Sánchez. Las amenazas y salidas de tono se le helaron en la boca a un Page abatido y desnortado, pero que, poco después, como hizo Susana Díaz, decidió enrocarse en su región y mantenerse en el cargo a toda costa. Y por fin, cuando los presupuestos de 2017 –y posiblemente la continuidad de la legislatura- estaban en el alero, García Page decidió no solo aliarse con Podemos, sino ofrecer a este partido nada menos que una vicepresidencia y una consejería si los morados apoyaban las cuentas autonómicas. Incluso, ante las dificultades iniciales de la operación, se atrevió a pedir ayuda a Pedro Sánchez para que intercediera ante la cúpula nacional de Podemos. A este punto de claudicación y sumisión ha llegado quien se había declarado enemigo irreconciliable del secretario general socialista. “Es la infumable incoherencia del traidor –señalan fuentes socialistas críticas de su comunidad-, un hombre que no solo ha dilapidado lo que parecia un valioso caudal político personal, sino que ha terminado dando una imagen patética de sí mismo.” Es el “Roma no paga traidores” en versión manchega.