Rita Allendasalazar, la torpe “escudera” de Elena de Borbón

La amiguísima crea una burbuja de antipatía alrededor de la infanta que echa para atrás

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A la derecha, la infanta y, de perfil, en primer plano, la escudera Rita, en el Real Club Pineda. PROPRONews
A la derecha, la infanta y, de perfil, en primer plano, la escudera Rita, en el Real Club Pineda. PROPRONews

Si usted, querido lector o lectora, se topa con la infanta Elena y se le ocurre acercarse para hacerse una foto con ella o simplemente saludarla, y ve en sus cercanías a la señora cuyos retratos publicamos en esta información, lo mejor es que desista, porque seguramente le dirá que no y le obligará a hacerle una reverencia a la señora. Son las escenas tragicómicas, con tinte medieval, que vivieron recientemente unos niños en el Real Club Pineda de Sevilla, donde Elena y ellos participaban en un campeonato hípico. Rita Allendesalazar, la “escudera” de la infanta, contribuye a una innecesaria burbuja de antipatía alrededor de su amiga.

Sevilla.-

La infanta Elena no puede decirse que sea un dechado de simpatía, aunque más simpática que su hermana Cristina sí que es. Elena es, de los tres hijos de los Eméritos, la que más se parece a su padre. De él ha heredado, entre otras virtudes, la campechanía y la pasión taurina. Lo que pasa es que Elena se pasa de taurina españolista y eso echa para atrás a mucha gente que no quiere tanta exhibición de banderitas y casticismo. Respetar la bandera de España es otra cosa más seria que llevarla como un fular al cuello en una corrida. O sea, que si a eso le añadimos la gente que tiene alrededor “protegiéndola” del pueblo (el mismo pueblo que sostiene la corona y que durante muchos años ha estado pagándole a ella, si es que todavía no corre con ciertos gastos suyos de representación), el resultado es que la ciudadanía pasa y repasa de cualquier contacto con alguien -ella o su círculo- que te van a echar para atrás si te aproximas por una tonta cuestión de respeto o de simple curiosidad.


En una reciente prueba hípica de Sevilla impidió que jóvenes jinetes se hiciesen fotos con la infanta y obligó a otros niños a hacerle una reverencia cuando se acercaron a saludarla.


Pero la cosa se pone peor cuando se trata de niños. Que un niño que coincide con la infanta en un evento cualquiera y pretenda hacerse una foto con ella sea rechazado de casi mala manera por ese círculo que encapsula a doña Elena, o que a esos niños se les obligue, cuando se acercan, a que le hagan una (medieval) reverencia a la hermana del rey, eso ya pasa de castaño a oscuro.

Lo que contamos hoy aquí forma parte de esos “asuntos (ir)reales” de los que damos cuenta de vez en cuando en estas páginas, y que tienen por protagonistas a la familia real y a sus deudos más próximos; familia y deudos que antes eran una piña real todos ellos y que ahora, tras la expulsión a las tinieblas exteriores de Cristina y Urdangarín, y la salida también de Elena del núcleo de “familia real” propiamente dicho, han quedado reducidos a Felipe, Letizia, Leonor y Sofía.

EN EL REAL CLUB PINEDA

Pero Elena sigue siendo Elena, y eso es mucho decir. Aunque (dicen que) trabaja en la Fundación MAPFRE, donde cobra 300.000 euros/año por su entregada y pesada labor (pobrecita) una responsabilidad que, pese a todo, le deja tiempo para acudir con asiduidad a los toros, a montar a caballo, a competir en pruebas hípicas y a participar en fiestas varias, Elena se deja ver con frecuencia en eventos públicos. El último ha sido el campeonato hípico nacional celebrado recientemente en el Real Club Pineda de Sevilla.

Rita Allendesalazar, al teléfono pero siempre vigilante para proteger a su amiguísima. PROPRONews
Rita Allendesalazar, al teléfono pero siempre vigilante para proteger a su amiguísima. PROPRONews

Con ella va siempre, inseparable como la lapa a la roca o el percebe al rompiente, su amiga del alma de (casi) toda la vida Rita Allendesalazar, condesa de la Ventosa, que más parece una jefa de protocolo que una íntima de la amistad.

En la prueba hípica del Pineda sevillano, que suele reunir a lo más pijo de Andalucía y de España, además de a aquellos jóvenes jinetes que buscan hacerse un hueco en el panorama hípico nacional, Elena competía con su caballo Qant en el puesto 11 de salida del circuito de saltos, muy fácil porque la altura máxima de los obstáculos era de 110 cms., tan fácil que la infanta hizo un cero, es decir, un recorrido completo sin un solo derribo (es de las pocas veces, tal vez la única, que el cero vale como diez). En los descansos, la hermana dicharachera del rey Felipe se sentaba a la sombra con sus fieles, entre ellos, y en primera fila, Rita Allendesalazar, que vigilada a diestro y siniestro mientras hacía punto.

En esto que una de las competidoras de la infanta, apenas una adolescente, tuvo el atrevimiento de acercarse, acompañada por su padre, para hacerse una foto con Elena. Pero, (¡ah, no, eso, no, porque luego venís todos y todas y entonces ella no haría otra cosa!), Rita se interpuso y, con las razones entre paréntesis, rechazó toda posibilidad de eternizar el momento, sin que Elena moviera un dedo (o los labios) para corregir semejante reacción tan antipática.

Pero la cosa no quedo ahí. Más tarde, un grupo de niños se acercó también a la real señora con la exclusiva intención no ya de fotografiarse con ella, sino simplemente de saludarla. Y allá que se interpuso de nuevo doña Rita, para exigir que, en todo caso, los pequeños hiciesen una reverencia al pasar ante doña Elena. Lo más gracioso fue que una chiquilla de seis años (comprobamos luego, asombrada, la edad de la menor preguntándole a su padre) desistió del saludo porque, dijo, “yo no me agacho” ante nadie. Lo contamos tal como lo vimos, porque de todo lo que contamos fui testiga presencial.

Si ven a esta señora en las proximidades, ni se acerquen a doña Elena. PROPRONews
Si ven a esta señora en las proximidades, ni se acerquen a doña Elena. PROPRONews

Corren tiempos difíciles para la monarquía, acechada y asediada por múltiples enemigos, algunos de los cuales se encuentran ya incluso dentro del Gobierno. Y, desde luego, Rita Allendesalazar (con la pasividad o la aquiescencia de la infanta Elena) no ayuda a que la institución y sus flecos cobren la mínima simpatía que sería conveniente en un trance como el actual.

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